¿Quién nos manda a volver a Vietnam?

Última actualización: 01/12/23

No hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión, pero siempre es bueno dar otra chance, ¿no?

Viajar a Vietnam 6

¿Por qué volvimos?

Cuando estuvimos en Argentina de visita allá por el 2010, la pregunta que más nos hicieron nuestros amigos y familiares fue “¿Y qué onda Vietnam?”. Podrían habernos preguntado cómo fue trabajar en Nueva Zelanda, cómo es un día típico para un samoano, qué hay en el desconocido Laos o por qué Singapur es tan distinto al resto de Asia. Pero no, todos querían saber cómo era el verdadero Vietnam, no el que muestran las películas de Hollywood.

Siendo sinceros (bueno, siempre lo fuimos con cada uno de los posteos), Vietnam fue el país que menos nos gustó en estos más de cinco años de viaje. ¿Cómo estar a gusto en un país donde su gente nos trató mal, nos estafó todo el tiempo y nunca nos hizo sentir bienvenidos?

Buscando en los archivos viajeros (que en ese entonces todavía no eran marcopólicos) encontramos el mail que mandó Jota a su familia una vez que nos fuimos de Vietnam. Estos son algunos fragmentos de lo que sentimos en ese momento. Vamos a dejar que las palabras hablen por si mismas…

4 de Diciembre de 2009

… Finalmente llegamos a Hanoi después de no se cuántas horas de viaje con un grupo de 8 mafiosos vietnamitas dignos de película. Imagínense que en el viaje éramos nosotros 4 y ellos, nunca entendimos por qué en cada viaje mueven tanto personal. Los 8 mafiosos eran de esa empresa, todos en una camioneta. Obviamente no nos dormimos y el agua que nos ofrecieron no la tomamos, mejor quedar ortiva a veces por las dudas…
Vietnam es muy interesante y accesible para recorrer, los caminos están en buen estado y las ciudades bien comunicadas entre sí. Pero hay algo que hace que no sea un destino que recomiende, y es su gente. Ay, qué nervioso me puso esta gente en tan poco tiempo!! Ya estábamos advertidos de que los vietnamitas eran muy distintos al resto de sus vecinos, y así fue. Maleducados, agresivos y malhumorados, no tienen ningún sentido de la amabilidad y no fuimos para nada bien recibidos. Para colmo la mayoría habla inglés, lo cual lo usan para intentar engañarte en todo momento. Llega un punto que querés irte de acá como sea…

Cuando llegamos a Ho Chi Minh, al final del viaje, Jota estaba enfermo. ¿Habrá sido el virus de la mala onda vietnamita? Rara vez nos enfermamos (por suerte), y creemos que no fue casualidad. Cada enfermedad es una señal que nuestro cuerpo nos da, y hay que escucharlas. 

Si recordamos aquel viaje, lo único que se nos viene a la mente son malos momentos. Desde lo poco que pudimos ver de Halong Bay porque no nos dieron nada de lo que nos habían prometido en el tour (¿¡por qué hicimos ese tour!?) y cuando fuimos a reclamar por poco terminamos en el hospital, hasta la señora que me dejó un moretón en el brazo cuando me golpeó con la puerta del freezer de los helados por decirle que sabía el precio local y que no iba a pagar cuatro veces más como me estaba pidiendo ella, pasando por el escuadrón de comisionistas que nos atacaba cada vez que bajábamos de un bus sin dejar movernos, persiguiéndonos por cuadras y taladrándonos la cabeza con su «cheap room for you. Ok come with me, cheap room» y muchas cosas más que preferimos no recordar.

(Para que no tengas una experiencia negra como la nuestra en Halong Bay, preparamos un post con la recomendación de varios viajeros: Evitando la estafa: agencias recomendadas para el tour a Halong Bay.)

Viajar a Vietnam: Halong Bay

Momento feliz en Halong Bay que poco duró

Pero también creemos que todas las experiencias son positivas, porque de todo se aprende. Esa era nuestra primera vez en Asia, y día a día nos fuimos curtiendo. Podríamos haber dejado de viajar ahí mismo, dándole la razón a quienes dicen que el mundo está lleno de peligros, que la gente es mala y que es mejor quedarse en casa, donde todo es conocido y nos vamos a sentir a gusto. Pero hizo el efecto contrario: esas experiencias nos dieron más ganas de seguir explorando, de ver cómo era la gente en otros países, de ser los protagonistas de nuestra propia película en vivo y en directo.

Seguimos viajando y las vueltas de la vida nos llevaron a conocer a varios vietnamitas que estaban de viaje por Malasia, Tailandia o Singapur. A pesar de que habían pasado varios años, todavía teníamos un nudo en la garganta con todo lo vivido, así que nos descargamos contándoles todo, con lujo de detalles. Cuando terminamos de hablar, todos tuvieron la misma reacción: no lo podían creer. Se sentían terriblemente avergonzados por cómo nos habían tratado en su tierra, y no sabían qué más decir. Conociéndolos un poco más, no parecían haber nacido en el mismo Vietnam que habíamos estado nosotros.

Buscando razones a este mal que afecta a todos los viajeros, escuchamos variadas opiniones. Algunos dicen que la culpa de las constantes estafas la tienen los turistas, porque ni siquiera se gastan en aprender los precios que pagan los locales. Entonces, ¿la culpa es de nosotros por no conocer el precio real que nadie quiere decirte, o de quienes nos estafan por abusarse de nuestro desconocimiento? Otros dicen que es porque no aprendemos el idioma local. Claro, nos encantaría poder cambiarnos el chip cada vez que cruzamos una frontera y entrar hablando el idioma local. Hablaríamos tailandés durante tres meses, laosiano un mes, al entrar a Camboya manejaríamos el jemer a la perfección y así nadie nos estafaría en ningún lugar. Lamentablemente todavía no perfeccionamos esa habilidad y tenemos que confiar en la honestidad de la gente y en nuestras percepciones.  «Los vietnamitas tienen resentimiento por la guerra y ponen a todos los extranjeros en la misma bolsa». Esta explicación puede ser la más válida, pero la guerra también afectó enormemente a Laos y Camboya, y no conocemos a nadie que se haya sentido maltratado en estos países . Es un tema complejo, donde la historia y la genética tienen mucho que ver.

Cuando hablábamos con otros viajeros acerca de su experiencia en el país, todo era blanco o negro, sin grises. “Me encantó, lo amo, es el país que más me gustó del sudeste asiático. Su gente, su comida…”, mientras dos horas más tarde alguien nos decía “No veo la hora de irme de Vietnam, todo el tiempo me quieren estafar y me tratan mal. Me iba a quedar un mes, pero después de dos semanas estoy volviendo a Tailandia”. A medida que nos vamos acercando a Vietnam nos cruzamos con más gente viniendo de ese lado. Cada uno con el que hablamos nos saca más las ganas de volver. Si la memoria no nos falla, de los últimos 15 que encontramos, sólo un italiano nos dijo que le había gustado.

El último viajero que nos dio su veredicto fue un miembro de la comunidad marcopólica que cruzamos de casualidad en un puestito de fideos en el mercado de Siem Reap, quien nos contó como en un bus nocturno un vietnamita le pegó una patada en la cabeza por haberle pedido la almohada que éste le acababa de robar hacía cinco minutos. Y podemos seguir con más historias de este estilo, como el caso de Matt, viajero y bloguer estadounidense más conocido como Nomadic Matt, quien escribió un posteo que se llama “Why I´ll never return to Vietnam”.

Viajar a Vietnam: Hoi An

¿Y si nos alejamos de los destinos turísticos?

Pero no queremos aburrirlos con los motivos para NO volver, porque debemos confesarles que mientras escribimos estas líneas, estamos preparándonos para cruzar la frontera que separa Camboya con Vietnam, que es mucho más que un puesto donde nos sellan el pasaporte. Es dar una segunda oportunidad y volver a confiar en la gente. De eso se trata Eliminando Fronteras, ¿no? Pasaron cuatro años y medio desde aquella mala experiencia. Nosotros cambiamos, como así también nuestro estilo de viaje. Esta vez vamos a viajar a dedo, lo que nos va a permitir conocer pueblos que antes no veíamos ni en los mapas, y salir de las rutas turísticas.

A pesar de nuestra propia barrera mental y de la influencia que indefectiblemente tienen otros viajeros en nosotros, esta vez tenemos la sensación de que todo está dado para tener una mejor experiencia, o al menos una muy distinta a la anterior. Una de las señales la tuvimos con la calurosa recepción que tuvo nuestro proyecto en los grupos de Couchsurfing de Vietnam. Recibimos muchos mensajes de aliento, invitaciones y en minutos ya teníamos traducida la carta que llevaremos con nosotros para hacer autostop, esa que le damos a los conductores que nos frenan para que entiendan lo que estamos haciendo. También recibimos una gran sugerencia que nos puede ser muy útil: según un chico de Hanoi, a nuestra carta tendríamos que ponerle una foto de Messi. No está mal, pero el fanatismo se le fue un poco de las manos cuando sugirió que además lleváramos una foto suya bien visible en nuestras mochilas.

Ya tenemos la visa... no hay vuelta atrás.

Ya tenemos la visa… no hay vuelta atrás.

La carta lista para empezar el autostop con todo...

La carta lista para empezar el autostop con todo.

Sólo 70 km nos separan de territorio vietnamita. Después de cruzar la frontera física y mental y hacer otros 83 km del otro lado para llegar a Pleiku, nos estará esperando Hotikana, una chica que conocimos por medio de Couchsurfing. Su madre la abandonó cuando era muy chica porque eran muy pobres y estaba enojada de que tenía que alimentar a uno más. Su padre, al encontrarse en esta situación, se volvió alcohólico y murió en un accidente de tránsito al poco tiempo. Huérfana, quedó en manos de su tía, quien la echó de la casa a los quince años por no pasar el exámen de ingreso del colegio que ella quería que fuera. Desde ese entonces, sí, desde los 15 años, que vive sola y aprendió a ganarse la vida. Hoy, trabaja como escritora free lance. Lo primero que nos dijo en el mail cuando nos mandó su dirección fue “Espero que no les moleste, pero mi casa es muy muy chiquita. Podemos hacer lugar y entramos los tres, pero quería que lo sepan. Va a ser un honor para mí conocerlos y que se queden en casa”. Su casa puede ser chica, pero su corazón sobrepasa las cuatro paredes. Empieza un nuevo capítulo de Eliminando Fronteras: Vietnam, porque todos merecemos una segunda oportunidad.

Si querés conocer cómo siguió esta historia, no te pierdas el posteo Sensaciones de nuestra vuelta a Vietnam

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Sobre Jota y Dani

Con 19 y 21 años salimos de Argentina para emprender un viaje que creímos sería de tres meses, pero se convirtió en nuestro estilo de vida. Quince años más tarde, seguimos descubriendo los rincones más remotos del mundo para eliminar la frontera más peligrosa: la que nosotros mismos creamos.

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