En esta vida viajera, cada día es una caja de sorpresas. Una caminata sin rumbo fijo puede terminar en un casamiento. Uno nunca sabe lo que puede traer la marea…
Ya te contamos que Penang nos encantó, y que decidimos frenar acá un par de semanas para sumergirnos en sus calles, para descansar, y para dejar que las cosas fluyan. Estar más tiempo en el lugar nos permitió apreciar el arte callejero a la mejor hora y con la mejor luz, ver la exposición de las fotos ganadoras del World Press Photo –y cuestionarnos por qué una foto para ser ganadora tiene que mostrar el peor lado de lo humano-, encontrarnos con Álvaro y Lau de Klando va de viaje, acampar en el Parque Nacional y encontrar el kopitiam que hace los mejores Roti Boom de la isla. Y eso no es todo: también fuimos invitados, no sólo a uno, sino a dos casamientos sikhs. Sí, como siempre te decimos, viajar lento tiene sus beneficios…

Listas para el casamiento
Los sikhs y Marcando el Polo
Nuestro primer encuentro con esta religión fue en Junio de 2011, cuando visitamos el Templo Dorado en Amritsar, máximo lugar sagrado para los fieles de esta religión. Es como la Mecca para los musulmanes… todos sueñan con estar ahí al menos una vez en su vida. Entramos por la puerta grande, grande en todo sentido. El Templo Madre recibe a miles de peregrinos cada año, y trata por igual a los fieles y a los infieles –o sea, nosotros-, brindándoles alojamiento y comida sin costo alguno. Fue ahí donde comimos el mejor arroz con leche de nuestras vidas (si pensás que este postre es feo y que es algo del pasado, esperá hasta llegar ahí). Nunca antes habíamos escuchado hablar de los sikhs, ni mucho menos sabíamos en qué creían ni los detalles de su religión. Desde ese momento, empezamos a leer más sobre el tema y, sin quererlo, cada vez veíamos más Sikhs en la calle o nos topábamos con un templo que antes ni siquiera sabíamos lo que era. Es como cuando aprendés una palabra nueva, que después la empezás a leer en todos lados.
Buscando un puestito de comida que nos habían recomendado, pasamos por el templo Sikh de Penang. Apenas entramos, se nos acerca un hombre que iba a rezar, y nos comenta que ese fin de semana teníamos el honor de ser parte de dos casamientos. “Sí, por favor, vengan, va a haber mucha comida típica, les va a gustar. Los festejos empiezan a las 10 am”. No podíamos tener un mejor plan para el fin de semana.
¿Qué es el Sikhismo?
El Sikhismo es una religión que surgió hace alrededor de 500 años en la zona de Punjab, en el Norte de India y Pakistán. Creen en un único dios, y las enseñanzas fueron dejadas por diez maestros espirituales, que llaman gurúes, y están recopiladas en el libro sagrado Siri Gurú Granth Sahib. Este libro cumple la misma función que la Biblia para los católicos, pero es mucho más venerado, ya que se lo considera como el gurú eterno y merece el máximo respeto.
¿Cómo reconocer a un Sikh?
Si viajaste por Asia, lo más probable es que hayas visto un Sikh, aunque pienses que no. Es mucho más fácil reconocer a los hombres, ya que tradicionalmente no pueden cortarse ningún pelo, ya que sería faltarle el respeto a la creación de Dios. Lo primero que vas a notar es su barba larga y su turbante, que cambia de forma y tamaño dependiendo de la edad. Cuando son chicos llevan el clásico rodete arriba de la frente, después el pelo sigue creciendo y se lo enroscan formando un gran turbante cada vez más grande. Bueno, eso si son conservadores, porque las tendencias modernas hacen que los jóvenes usen un pañuelo en lugar de un turbante y se corten el pelo y la barba, para el disgusto de los líderes religiosos. Si son muy conservadores, vas a notar también que lleva un brazalete plateado y una daga. Y si lucen todo esto, 99% de las posibilidades es que también están vistiendo un calzoncillo especial, hecho de algodón. Bueno, no tiene mucho de especial, pero es lo que tienen que vestir de acuerdo con la tradición. Pero eso no lo vas a ver…
Además, los hombres agregan Singh a su nombre, que significa león, y las mujeres Kaur, que significa princesa. Reconocer a una mujer es más difícil, ya que se visten igual que las hindúes.
Y llegó el día nomás…
Llegó el fin de semana y nos preparamos para ir a la gran fiesta. Pero… ¿qué nos ponemos? Para entrar a un templo Sikh, tanto hombres como mujeres deben tener la cabeza cubierta. Además, las mujeres tienen que vestir pantalón o pollera larga. Por los zapatos no hay problema porque hay que descalzarse, así que nos pusimos lo que nos parecía más adecuado para la ocasión y partimos rumbo al templo.
Menú del día
Seamos sinceros: cuando uno va a un casamiento o a una fiesta de quince, lo primero que piensa es en lo que habrá de comer. Después vendrá el vestido de la novia, las charlas con los otros invitados, y las fotos, pero primero lo primero. Y así fue. Apenas pasamos la entrada al patio del templo, se nos acercaron dos señoras y nos señalaron que fuéramos a desayunar.
Son las 10 am y en este preciso momento es cuando agradecemos estos casi cinco años de viaje por países con distintas costumbres gastronómicas, que hicieron que nuestro estómago pueda soportar casi cualquier cosa sin importar la hora de día. Estando en Argentina, comernos un plato de fideos como desayuno podía parecernos raro (aunque vamos, nos vas a decir que nunca te agarraste una porción de pizza o de tarta cuando viniste de bailar a las 6 am), pero ahora ya no. Es más, lo preferimos más que unas tostadas con manteca. Vale aclarar que los sikhs son vegetarianos, así que cualquier cosa que nos dieran para comer, por más rara que pareciera, iba a estar bien.
El menú para el desayuno vino muy completo: fideos saltados con vegetales, chapati (pan indio sin miga), karipa (viene de curry puff, una especie de empanada frita rellena de vegetales con curry), arrolladito primavera, y dulces varios. Todo esto acompañado por un té de jengibre, que estaba más rico de lo que te imaginás.
Terminamos de desayunar y le preguntamos a un señor alto y con un turbante muy grande y prolijo, a qué hora comenzaría la ceremonia, y nos comenta que ya había empezado. Nos sorprende ver la cantidad de invitados que sigue en el patio del templo comiendo, parece que no les importan los novios sino que vinieron solamente por la comida.
El momento de dar el “Sí”
Subimos rápido al templo, no queremos perdernos ni una parte del evento. Antes, tenemos que sacarnos los zapatos. Hombres por un lado, mujeres por el otro. Cuando llegamos arriba, tenemos que lavarnos las manos y los pies antes de poder poner un pie en la suave alfombra de la sala principal. El lugar está lleno, y hay gente por los pasillos. En la puerta hay una señora que acepta las donaciones para los recién casados, y les entrega a quienes donan un billete de 1 Ringgit (lo que equivale a USD 0.30 aproximadamente) que después van a tener que dejar simbólicamente en una urna al lado de la pareja. Los nenes corren de acá para allá, quizás pensando en el almuerzo, quizás pensando en el día que ellos estarán sentados ahí frente a todos. En el fondo, el libro sagrado es el centro de atención, y cada unos segundos, el encargado de llevar a cabo la ceremonia le pasa un plumero especial para evitar que se ensucie con el más mínimo polvo. Los novios, de espaldas al público y de frente al libro, no parecen estar muy contentos. Quizás sea un matrimonio arreglado, quizás no. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no son tan jóvenes. Es que para los sikhs, el matrimonio sólo debe realizarse cuando una persona es capaz de asumir todas las responsabilidades de esta nueva etapa. El matrimonio infantil está prohibido.
Parte de la ceremonia fue en inglés, así que pudimos darnos el lujo de entender una de las frases que más nos marcó de toda la ceremonia: “No pasen tanto tiempo en el Facebook, sino que dedíquenle esas horas por día al faith book”, decía uno de los líderes religiosos refiriéndose al libro sagrado.
Sí, ya te contamos que el libro Siri Guru Granth Sahib es lo más importante para los Sikhs, tanto que es el testigo máximo del matrimonio, y éste queda consagrado cuando la pareja da cuatro vueltas alrededor del mismo. Nada de “sí, prometo”. El hombre va adelante guiando a la mujer, quien está unida al marido con un lazo de tela. Muchas veces dan estas cuatro vueltas con los ojos cerrados, y los familiares y amigos más cercanos les van indicando el camino. En cada vuelta están recordando que el libro es el centro de sus vidas y la comunidad es lo que les brinda apoyo.
Ya pasó una hora desde que subimos. Los invitados se empiezan a impacientar y, de a poquito, empiezan a bajar y espían el comedor. No, todavía no está listo el almuerzo, así que vuelven a acomodarse en su lugar en el piso del templo. Los novios ya están casados frente al Gurú, pero ahora les queda el papelerío: una firmita por acá, otra por allá, y ya casi se pueden ir a relajar. Se nota que hay mucha tensión y nervios entre la pareja y sus familiares. Todos están encima de ellos, y ante el mínimo movimiento que hacen, tienen a la madre o hermana atrás acomodándoles la ropa.
Termina la ceremonia y no tiran arroz, ni rompen platos como los griegos. Tampoco bailan. Los invitados se acercan a la pareja y hacen cola para sacarse fotos, mientras que los demás bajan a comer. El almuerzo está servido.
¡A comer!
Si bien desayunaron hace menos de dos horas, la mayoría de los invitados se impacienta para tener su ración. Como en toda comida asiática, el arroz no puede faltar. Pero ojo, no pienses que el arroz siempre es el mismo y que es aburrido. Como es una ocasión especial, está “divertido”, y hasta hay dos versiones, una salada y una dulce. Tampoco puede faltar el chapati, que ya saboreamos en el desayuno. Todo esto va acompañado del clásico dhal, un plato típico indio a base de lentejas, un curry de vegetales y, por último, un plato a base de yogurt y garbanzos. Todo estaba riquísimo, y voluntarios pasaban por las mesas preguntando quién quería repetir. No olvides que el sikhismo tiene origen en India y la mayoría de los fieles son descendientes de inmigrantes de ese país, por lo tanto mantienen las costumbres.
En un casamiento sikh nada del tío borracho, ni brindis, ni cerveza. Los sikhs no toman alcohol, entonces las bebidas que acompañan la comida son siempre té de jengibre y agua.
Lo mejor de todo, es que después de comer cada uno se lava su plato. ¿No sería buenísimo si fuese así en todas las fiestas? Hay muchas cosas que tenemos que empezar a implementar…
Premios marcopólicos: mejor y peor vestido
Después de la comida, lo que uno más mira son los vestidos. Primero el de la novia, después los de las invitadas. En el casamiento Sikh no podíamos dejar de mirar todo esto que era tan ajeno a nuestras costumbres. Tanto que nos sentimos que podíamos ser el jurado para la primera edición de los Premios Marcopólicos. En este caso, al mejor y peor vestido. Participan hombres y mujeres por igual, ¡nadie se queda afuera!
Y los nominados son…
Puf, tenemos un trabajo duro. Mejor pidamos ayuda a algunos de los invitados.
Bueno, nos decidimos. Fue duro, esperamos no herir los sentimientos de ninguno de los invitados, pero sólo tenemos tres premios y deben ser entregados.
El premio marcopólico a la mejor vestida de la fiesta es para…
Chan Chan… suspenso. Se siente el aire tenso en la sala, pero tenemos que seguir con la entrega.
Los premios marcopólicos a los peores vestidos del casamiento son para…
¿Creés que la elección fue justa? ¡¡Queremos saber tu opinión!!
La fiesta se termina…
Pájaro que comió, voló. Apenas pasado el almuerzo, los invitados empiezan a saludarse, y cada uno a su casa. Nos quedamos un rato dando vueltas haciendo la actividad que más nos gusta: people spotting. Pensamos en el primer día que hablamos con un Sikh, en Amritsar. Pensamos en lo que debe pensar la mayoría de la gente cuando se cruza por la calle a estos hombres serios, con barba larga y turbante. Pensamos en cómo se sentiría un Sikh en Argentina, por ejemplo. Pensamos sobre qué pensaríamos nosotros al ver un sikh si nunca hubiésemos tenido la posibilidad de viajar. Y sonreímos, por dentro y por fuera, por haber eliminado fronteras una vez más.
Decidimos que era hora de volver a nuestra casa temporal en Penang, pero al ver que encaramos para la puerta, viene una señora corriendo y nos da el mejor suvenir de casamiento que hayamos visto jamás: un postre. Nos vamos con la panza llena, pero sobre todo, con el corazón contento.
¡Queremos saber más! ¿Cómo son las fiestas de casamiento en tu país? ¿Fuiste invitado a alguna mientras viajabas? ¿Dónde te gustaría casarte?
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