Edición especial: 3 años de Marcando el Polo

Última actualización: 28/11/23

Aniversario del Blog

Dos personas. 1095 días compartiendo el mundo en un diminuto rincón del cyberespacio desde 24 países con una misión:

acortar distancias

Las maravillas de internet

Somos la generación que vio nacer internet, pero rara vez lo recordamos, y no hay nada más menospreciado que un click. Es increíble lo que puede pasar cuando uno decide abrir la ventana del mundo compartiendo su historia. Si tres años atrás nos hubieran dicho todo lo que iba a generarse gracias a este espacio, no lo hubiésemos creído. Y acá estamos, firmes como el primer día, aportando nuestra mirada a este mar intergaláctico de información.

Si bien abrir Marcando el Polo fue una de las mejores decisiones que tomamos en viaje, todo tiene su lado oscuro y eso lo contamos hace un año en “Lo bueno y lo malo de viajar con un blog“.

Hoy, no podemos imaginar viajar sin escribir, seríamos demasiado egoístas si nos guardáramos todo lo que estamos viviendo sólo para nosotros. Necesitamos transmitir lo que vemos, compartir el mundo y unir continentes.

Tres años pasaron, y esto recién empieza. Para celebrarlo, desde Nagorno Karabakh, región autoproclamada independiente pero que ningún país del mundo reconoce, preparamos este homenaje con los diez posteos que más disfrutamos escribir durante este tiempo.

PD: No te pierdas el final, porque en este cumpleaños el regalo te lo llevás vos.

1- Conociendo a los presos de una cárcel sin rejas

Mientras muchos turistas se van a visitar el río subterráneo muy cerca de Puerto Princesa, nosotros decidimos pasar el día en el Penal de Iwahig, para así ver desde adentro cómo opera un verdadero centro de rehabilitación, y sentarnos junto a los protagonistas de esta historia para que nos cuenten qué sienten al estar presos en una cárcel sin rejas.

La entrada a “Iwahig Prison and Penal Farm” parece más la de un Parque Nacional que la de una cárcel. Nos recibe un preso vendedor de llaveros y el guardia que, sin mucho protocolo, nos deja entrar. Teníamos nuestras tarjetas de prensa preparadas, pero no fueron necesarias. Ni siquiera nos revisan las mochilas, ni nos preguntan el motivo de la visita. El colmo de un país donde para entrar a todo supermercado, shopping o estación de trenes te revisan más que en la cárcel. Entramos caminando por los campos plantados de arroz, entre vacas, patos, gallinas, cabras, búfalos y perros. De fondo se ven las montañas, también parte de las 23.000 hectáreas del predio de la cárcel. Desde la entrada hasta el “centro” tenemos que caminar unos 5 km. Por el camino hay puestos donde venden miel, algunos kioscos y chozas. Estas casas son la de los presos de mínima seguridad que merodean tranquilamente. Si no mirásemos para atrás y viésemos la entrada, diríamos que estamos caminando por un tranquilo pueblo del campo. Nos vamos acercando a lo que es el “centro” de este pueblo dentro de una cárcel. Vemos pasar nenes con uniforme del colegio que nos piden plata. Las nenas, avergonzadas, les tiran piedras y les dicen que se callen. Presos pasan en bicicleta y saludan muy alegres. Seguimos en duda si cada uno que cruzamos es un recluso o estamos en un pueblo antes de ingresar a la cárcel propiamente dicha. Sabíamos de la libertad que tenían, que podían vivir con sus familias y que hasta había una escuela dentro del complejo para educar a sus hijos, y por eso quisimos venir. Pero nuestras mentes están tan encasilladas al concepto de barrotes y alambres de púa que nos cuesta creer el funcionamiento de este lugar.

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2- Y vos… ¿Estás viviendo o sobreviviendo?

Hace dos semanas que frenamos en Melaka, Malasia. Después de 11.000 km a dedo en “Eliminando Fronteras” necesitábamos estar un tiempito quietos. No nos cansamos de viajar, sino que a veces uno necesita frenar para ponerse a pensar esas cosas que no tiene tiempo cuando está con la mente ocupada en otra cosa. En estas dos semanas estuvimos pensando mucho, especialmente en la gente que nos escribe mails diciendo que nos envidian por la vida que llevamos, o que nos piden un empujón para animarse a viajar. Los mails que nos llegan son principalmente relacionados a los viajes, pero como esa gente que necesita un empujón para empezar a recorrer el mundo, hay muchísimas otras que también necesitan un impulso para empezar a  hacer lo que les apasiona, para empezar a vivir la vida como más les gustaría vivirla. No queríamos que nuestras respuestas se limitaran a los mails que respondemos, por eso es que sentimos la necesidad de compartir todo esto con vos. Antes de seguir, queremos preguntarte algo…

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3- Ser mujer, ser viajera, ser mochilera (y empezar a viajar a los 19 años)

Llegó mi cumpleaños número 26 y estoy en Japón. Quizás ya debería estar acostumbrada, pero siempre uno se siente raro en las fechas donde debería estar rodeado de familia y amigos. El año pasado lo festejé en Vietnam. El anterior en Filipinas, internada en un hospital junto con otras siete personas. Los dos que le siguen en Australia, y otros dos en Nueva Zelanda. Me pongo a pensar cuándo fue la última vez que lo pasé en casa y me cuesta encontrar la respuesta. Fueron los 17. Si en ese momento me hubiesen dicho que pasaría los nueve cumpleaños siguientes en distintos puntos de este mundo, no lo hubiese creído. 

Y no lo hubiese creído porque yo también pensaba lo que quizás está dando vueltas por tu mente: no se puede viajar tanto, y menos siendo mujer. Las que viajan mucho es porque las mandan del trabajo, o se instalan en otro país.

Cumplí 19 en Ushuaia, en la estancia Harberton, donde estaba trabajando como guía de turismo. En ese momento, lo que menos me imaginaba era que diez meses después iba a estar subiendo a un avión que me llevaría no sólo a Nueva Zelanda, sino a un nuevo estilo de vida nómada. 

Tenía miedo, no lo voy a negar. Todos los que seguramente tenés en este momento y más, pero tiempo después comprendería que no está mal tener miedo, sino todo lo contrario.¿Qué sería de una vida sin miedos, sin la incertidumbre de lo incierto? Si te dijesen ahora mismo que a partir de mañana todos tus días serán iguales, y que vas a recibir un sueldo a fin de mes que te alcance para cubrir todas tus necesidades, con la condición de que no haya ningún cambio… ¿aceptarías? Estoy segura que no, porque de ser así no estarías leyendo este blog.

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4- Caminando con los empleados del diablo en Kawah Ijen

Son las dos de la mañana y Ketut se está levantando para comenzar su dia. Otra jornada más cargada de dolor y gases tóxicos que se apoderan de su cuerpo dejando su huella para toda la vida. Es una noche sin luna y el camino está completamente oscuro, pero Ketut sabe de memoria cada pedacito de los 3 km de camino que lo separan del cráter del volcán. No sabemos cómo, pero no se choca con ningún árbol, ni se cae en ningún precipicio. Sólo camina, acompañado por sus cestas de bambú. Cuando lo único que vemos alrededor es la oscura y fría noche, se despiertan otros sentidos. Un intenso olor desagradable inunda nuestro camino y nos indica que estamos cerca del cráter. Está amaneciendo y vemos la línea de hormigas humanas que buscan su camino para llegar al lugar donde el volcán Ijen escupe constantemente dinero líquido, que se solidifica y toma forma de azufre al entrar en contacto con el aire. Ahí es donde los trabajadores a pico y pala lo cortan en bloques y lo cargan en sus musculosas espaldas. El trabajador promedio transporta entre 70 y 90 kg por viaje, pero Ketut sólo puede cargar 50. Claro, después de treinta años haciendo el mismo trabajo todos los días de su vida, de Lunes a Lunes, su cuerpo empieza a pedir por favor.

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5- Vida de monje: detrás de escena del budismo en Myanmar

Un auto frena a 30 metros nuestro. Cuando el polvo baja vemos que es relativamente nuevo, algo no muy común en Myanmar. Tendrá unos dos o tres años de uso, calculamos, y seguramente sea de una pareja joven de clase media alta porque es muy chico para una familia. La puerta se abre y una cabeza pelada se asoma. Los rayos del sol la hacen brillar como si fuera una de las calcadas pagodas doradas que vemos al pasar por cada pueblo. El que baja no es uno de los tantos camioneros con dientes rojos por mascar betel que siempre nos frenan cuando hacemos dedo, ni el padre de familia que quiere quedar bien adelante de sus hijos haciendo la buena acción del día, ni tampoco la chica linda de la pareja joven que imaginaba. En la banquina espera un flaquito sonriente de orejas grandes vestido de bordó, hombro descubierto y con un smartphone en la mano. “¡¡Nos frenaron los monjes!!”, le digo emocionado a Dani, como si ella no lo hubiera notado. Por más que fueran a dos kilómetros ya sabíamos que nos íbamos a subir igual, aunque sólo fuera para intercambiar algunas palabras y ver qué llevaban en el auto. ¿Tendrían un diente de Buda? Si hay tantos dando vueltas por el mundo quizás ellos también recibieron alguno. ¿Habría inciensos prendidos con ofrendas? ¿o estaría lleno de cajas para poner donaciones como las hay en los templos? La cabeza le sigue brillando, y la sonrisa también.

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6- Transitando la ruta de la felicidad, hasta el último día de su vida

Foto: Derek´s Bike Tour

A veces pienso en cómo serán mis últimos días. No me pasa muy seguido, pero cada tanto, cuando me voy a dormir, cierro los ojos y todo es negro, lo pienso. Me imagino muy anciano, acostado en una cama, resignado, imposibilitado de hacer todo lo que me gustaría. A veces me asusta pensar en esto, porque sea de la manera que me lo imagino u otra, tengo la certeza de que no habrá forma de evitarlo. Pero igualmente me duermo tranquilo, sabiendo que a la mañana siguiente me voy a despertar.

En el último año y medio conviví con dos personas que sus últimos días no eran una vaga visión esporádica, sino que estaban bien al tanto que ya los estaban transitando. Dos personas con una misma enfermedad, pero con mensajes diferentes.
La primer persona, una tía lejana que ya no está, los transitaba como podía, y como siempre me imaginé que sería. De días sin ningún incentivo y recordando con tristeza que el final ya estaba muy cerca.

Pero la segunda persona fue una de las que más impacto tuvo en mi vida, y en la de Dani, y seguramente en la de todos los que tienen la hermosa oportunidad de conocerlo. Él también nos habló del final, pero como su principal incentivo para no bajar los brazos y disfrutar estos días al máximo. A esta persona le diagnosticaron cáncer de huesos por primera vez cuando tenía catorce años. Sus padres, su hermana, su hermano y su esposa, todos murieron por distintos tipos de cáncer. En el 2007 le diagnosticaron cáncer de próstata, y en el 2012 los médicos le dijeron que la enfermedad era terminal y que ya no tenía sentido buscarle una solución. Ése día, cuando sus brazos podrían haberse caído, fue cuando más fuerte se sintió. Sin escuchar las recomendaciones de los médicos, dejó todo lo que tenía, se subió a la bicicleta y empezó su desafío más importante, el de demostrar que lo imposible puede ser posible.

Conocé la inspiradora historia de Derek, un luchador que no se va a dejar vencer sin antes disfrutar la pelea…

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7- Dosis de inspiración: Del infierno al cielo en 18 años

Imaginate cómo sería tu vida si en lugar de haber nacido en la familia que naciste, hubieses sido una hija no deseada y tu madre te hubiese abandonado cuando tenías un año. Tu papá, deprimido por la situación, hubiese caído en el alcohol y al poco tiempo muerto en un accidente de tránsito. Y si encima de todo esto, tu tía, la única que se hizo cargo de vos, te echa de la casa cuando tenés catorce porque no pasaste el examen del colegio al que ella quería que entraras y dice que no tiene más plata para mantenerte. ¿Qué harías si quedaras en la calle, sin familiares a quienes pedir ayuda, totalmente sola a los 14 años? Difícil de imaginar. Quizás, como a muchos chicos con historias parecidas, la calle te hubiese arrinconado en el callejón más oscuro, el de las drogas, delincuencia y prostitución. Quizás te hubieses dejado estar como un vagabundo, sobreviviendo en una vida sin razón. Depresión, locura, venganza… ¿cómo te ves? No tiene sentido imaginarlo, creo que no vas a encontrar ninguna respuesta lógica a esta hipótesis que seguramente tan ajena es a tu realidad. Si todos pudiéramos ser el héroe que siempre imaginamos, los golpes de esta vida hipotética nos fortalecerían hasta darnos alas que nos permitieran volar para ver la luz. Estos héroes alados son pocos, bien lo sabés, pero cuando la vida nos cruza con uno de ellos, tienen el enorme poder de enseñarnos a creer en los caminos alternativos.

En Vietnam conocimos a una de las personas más inspiradoras de nuestras vidas. Te presentamos a Hotikana, una heroína de 18 años.

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8- Las mejores cosas de la vida son gratis. ¿Y las segundas?

No podía creer lo que estaba viendo. Nunca se sabe donde uno puede llegar a encontrar inspiración (sentada frente a la computadora, definitivamente no). Hacía -13°C de sensación térmica en Seúl, y no queríamos pasar todo el día encerrados. Necesitábamos ir a un lugar calefaccionado, y cerca, así que el plan que más nos tentó era ir a “Style Nanda”, un negocio enorme, de los más chic de la zona, donde la gente que tiene onda cree que va en busca de la felicidad. Claro está que no necesitábamos comprar nada ahí, pero entender la cultura de un país no sólo es encerrarse entre las paredes de un museo; la historia contemporánea que se crea cada día en cada calle, para nosotros, es el atractivo imperdible que un país pueda tener.

Adentro del negocio, todo nos llamaba la atención: las chicas maquillándose, los novios en la puerta esperando a que llegue el momento de pasar su tarjeta de crédito -como si el amor pudiera comprarse-, el DJ de turno -extranjero- que tiene que simular que la está pasando bomba pero que en realidad está más aburrido que guardia de seguridad de la embajada de Samoa en Islandia y, sobre todo, el buzo de una chica que tenía una inscripción que nos dejó pensando… 

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9- Dilemas de un viaje largo: ¿Te podés cansar de viajar?

Directo a la mandíbula, sin vueltas… sí, claro que te podés cansar de viajar después de un tiempo, en especial si lo hacés por un período largo. Incluso la foto que tan inspiradora parece tiene un detrás de escena: ¡cocos fue lo único que tuvimos para comer durante tres días! Sí, eso también te puede cansar.

No pienses que todo va a ser días soleados, mochileros felices y atardeceres en la playa alrededor de un fogón cantando “Imagine” y “Everybody” de los Back Street Boys. En algún momento seguramente llegues al dilema que casi todos los viajeros tienen: te sentís con ganas de seguir viajando, pero a la vez estás cansado de moverte sin parar. ¿Entonces? 


10- Curso acelerado sobre Kazajistán: lo que la escuela no nos enseñó

Para algunos, viajar es una pérdida de tiempo. Para nosotros, parte de nuestra educación. Y estamos seguros que para vos que estás leyendo esto, también. Cuando anunciamos que empezábamos con el Proyecto Eliminando Fronteras, en Enero del 2013, escribimos:

Viajemos… viajemos juntos. Unamos Asia de punta a punta eliminando fronteras, esas fronteras que fueron impuestas muchas veces al azar. Dejemos de lado los preconceptos que, por repetición, se  nos hicieron ley y nos llevaron a prejuzgar pueblos enteros sin siquiera darles oportunidad a réplica.

Viajemos lento, para experimentar los cambios culturales y conocer en profundidad cada uno de los lugares que pisamos. Viajemos a dedo, para que cada trayecto sea una historia en sí misma y no el simple paso de los kilómetros. Alojémonos en las casas de quienes quieran abrirnos sus puertas, para así generar el intercambio social que tanto necesitamos.

Conozcamos cómo se vive en los lugares que no sabíamos que estaban vivos y escuchemos a la gente silenciada de los pueblos que nos convencieron a temer.

A partir de hoy pongamos la mente en blanco y eliminemos la frontera más peligrosa: la que nosotros mismos creamos.

Cuando anunciamos por Facebook que estábamos por ir a Kazajistán (o Kazakhstan, como quieras llamarlo), nos empezaron a llegar mensajes de lectores con ansias de conocer estos rincones olvidados del mapa, esos que se saltean y se resumen a un gran “stan”, de los que se sabe poco y nada.

¿Son parecidos a los chinos? ¿Qué comen? ¿Por qué nunca escuché nada sobre este país? ¿En qué se comunican? ¿Es caro? Estas fueron algunas de las preguntas que nos llegaron, pero no las únicas. Con este tour virtual queremos lograr que la próxima vez que vuelvas a ver un mapa ya no sea igual. Que puedas contarle a quien tengas al lado que existe un país que se llama Kazajistán y que, salvando las distancias, no son taaaan distintos a nosotros.  ¿Estás listo? 

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¡Gracias por estar del otro lado!

Abrazo desde Nagorno Karabakh,

Jota y Dani

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Sobre Jota y Dani

Con 19 y 21 años salimos de Argentina para emprender un viaje que creímos sería de tres meses, pero se convirtió en nuestro estilo de vida. Quince años más tarde, seguimos descubriendo los rincones más remotos del mundo para eliminar la frontera más peligrosa: la que nosotros mismos creamos.

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