Vida de monje: detrás de escena del budismo en Myanmar (parte 1)

Por Marcandoelpolo
En Myanmar
Dic 13th, 2013
12 Comentarios
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Para entender mejor este posteo podés leer “Budismo, lo minimo que deberías saber

Un auto frena a 30 metros nuestro. Cuando el polvo baja vemos que es relativamente nuevo, algo no muy común en Myanmar. Tendrá unos dos o tres años de uso, calculamos, y seguramente sea de una pareja joven de clase media alta porque es muy chico para una familia. La puerta se abre y una cabeza pelada se asoma. Los rayos del sol la hacen brillar como si fuera una de las calcadas pagodas doradas que vemos al pasar por cada pueblo. El que baja no es uno de los tantos camioneros con dientes rojos por mascar betel que siempre nos frenan cuando hacemos dedo, ni el padre de familia que quiere quedar bien adelante de sus hijos haciendo la buena acción del día, ni tampoco la chica linda de la pareja joven que imaginaba. En la banquina espera un flaquito sonriente de orejas grandes vestido de bordó, hombro descubierto y con un smartphone en la mano. “¡¡Nos frenaron los monjes!!”, le digo emocionado a Dani, como si ella no lo hubiera notado. Por más que fueran a dos kilómetros ya sabíamos que nos íbamos a subir igual, aunque sólo fuera para intercambiar algunas palabras y ver qué llevaban en el auto. ¿Tendrían un diente de Buda? Si hay tantos dando vueltas por el mundo quizás ellos también recibieron alguno. ¿Habría inciensos prendidos con ofrendas? ¿o estaría lleno de cajas para poner donaciones como las hay en los templos? La cabeza le sigue brillando, y la sonrisa también.

Dani se queda esperando para que yo vaya a hablarle. No sé por qué voy pensando en cómo debería saludarlo. ¿Le doy la mano o le hago un wai como se hace en Tailandia para mostrar respeto? En realidad, ¿por qué debería saludarlo distinto que a un camionero, por ejemplo? Mientras pienso todo esto ya lo tengo adelante. “Hola, estamos yendo para Bago…”. Miro para adentro del auto y veo que al volante hay otro monje. Le sonrío para parecer normal (no es muy normal que dos extranjeros estén al costado de la ruta parando autos) pero no hay devolución. Si Terminator fuera birmano y monje budista, se parecería mucho a éste. “Ah… nosotros… antes… monasterio… conferencia”. Los gestos de Cabeza brillante alcanzan para entender que no irían hasta Bago, pero que nos podían llevar hasta un monasterio de camino donde tenían que asistir a una charla, o algo así. “¡Vamos que nos llevan hasta no sé donde!” le digo a Dani que viene cargando su mochila y la mía que había dejado en el piso.

Terminator nos saluda y arranca. Se nota que no frenó contra su voluntad, sino que es un tipo de pocas palabras. Los dos se presentaron, pero olvidamos sus interminables nombres apenas intentamos repetirlos por primera vez. En el auto no hay cajas de donaciones, ni dientes de buda, sino lo típico de cualquier auto. Aromatizante, algunos cds, unos libros de tapa naranja con la foto de algún monje venerable, cenicero… ¿cenicero? Pero ¿no es que los monjes no fuman? Justamente los de Myanmar no son el mejor ejemplo de comportamiento budista. Desde que pisamos Yangón que no dejaron de llamarnos la atención. Vimos monjes fumando, comiendo carne, jugando a la lotería y merodeando las casas de té hasta altas horas de la noche. Tal vez por la ingenuidad hacia lo desconocido es que uno siempre tuvo la imagen de los monjes como personas de compromiso intachable por sus valores, casi elevándolos al pedestal de héroes de la paz y de una sabiduría superior. Fue la realidad de un país donde no todos los que viven en el monasterio lo hacen por convencimiento, sino por una especie de obligación social que dice que el hijo mayor de cada familia debe ser monje, la que nos mostró el lado menos iluminado del budismo. Algo así como “The dark side of the moon”. Y este paralelo con Pink Floyd también lo podríamos hacer desde el asiento trasero del auto, mirando la nuca de los monjes. Terminator, de cabeza opaca, es claramente el lado corrupto de la luna, el brillo que se fue apagando, el maestro que le enseña al alumno lo que la teoría se saltea. Cabeza brillante todavía brilla, incorpora pero mantiene la inocencia. Su luna está en la puja entre llena y nueva.

Lo que había dentro del auto pudo haber sido una decepción, pero el viaje fue más revelador de lo que esperábamos. Una especie de resumen de lo que un monje comprometido no debería hacer. ¿Compasión por todos los seres vivos? Atropellaron a un perro en la ruta pero siguieron como si nada, parando unos kilómetros más adelante para ver si el auto estaba bien. ¿No comen animales? Nos invitaron a almorzar en un parador, nosotros pedimos dos platos vegetarianos mientras que ellos se dieron un festín de cerdo y pollo. ¿Todo lo material los aleja de la felicidad eterna ya que genera insatisfacción? Cabeza brillante nunca soltó el smatphone y se quejó de la mala conexión a internet que hay en el país. “Puedo ver los mails y algunas páginas con la conexión del monasterio, pero no puedo bajar películas porque es muy lento” ¿No se intoxican con cigarrillos, drogas o alcohol? Ni bien terminamos de comer los dos se fueron al patio a fumar. Eso de “conexión del monasterio” nos dejó pensando… tal vez deberíamos ir ahí porque en los lugares que nos estamos quedando ni los mails podemos ver.

Es verdad que hay muchos monjes truchos dando vueltas, y con truchos no me refiero a los carnívoros o a los que tienen novias, sino a los que compran la ropa de monje (cualquiera puede comprarla), se rapan la cabeza y se encubren detrás de una falsa identidad para vivir de las donaciones de la gente. Pero todos los que vemos contradiciendo la teoría del “buen monje” no son impostores, sino personas como vos o yo que la sociedad le dijo que tenían que dedicar su vida a las enseñanzas de Buda, o en realidad a las enseñanzas que le atribuyen a Buda. Es lógico que muchos no puedan resistirse a las tentaciones de la vida fuera del monasterio, pero lo que nadie va a confesar en un país budista es que al poner en la balanza una vida de largas horas de trabajo por poca plata como lo es para la mayoría en un país tan pobre como Myanmar, contra una vida donde todo se paga con donaciones que no requieren demasiado esfuerzo, sean muchos los que no ven con malos ojos la idea del celibato. Si en definitiva, no todo es tan estricto como dicen los libros.

Budismo en Myanmar: autostop

No hace falta aclarar quién es quién ¿no?

Vida de monje

“Pero el deseo es deseo, y llega un momento que es imposible ocultarlo”, decía el personaje de Richard mientras miraba a la hermosa Françoise en la genial novela The Beach (si, la misma novela que defenestraron con la película de Di Caprio). A Gambira lo contactamos por Couchsurfing. Sí, un monje con perfil en Couchsurfing que nos invitó a pasar por su monasterio en Mandalay para juntarnos una tarde a hablar de la vida, de la suya como monje que se cuestiona su elección, y de la nuestra como viajeros que nos cuestionamos todo lo que está pasando a nuestro alrededor. Al preguntarle cuál es la parte más difícil de llevar una vida como monje, nos contesta: “Como joven es abstenerse de los entretenimientos. No poder ir a un night club, salir con amigos, tener novia… ver una chica linda y saber que es algo prohibido para vos.” No sé si lo dirá por Dani, pero por las dudas la miro de reojo a ver si le está mirando el hombro descubierto al monje.

Gambira es un joven de veintiséis años, con un inglés perfecto y abierto a hablar de temas que la mayoría preferiría esquivar. Dice que se puso como límite este año para tomar una decisión sobre su futuro, ya que hay muchas cosas que no le cierran acerca de los manejos turbios dentro de los monasterios. En caso de querer renunciar tiene que hablar con su maestro y explicarle los motivos para intentar encontrarle una solución.

Hablando de fútbol caminamos hasta un puestito callejero que vende jugos. Dice que algunos partidos puede verlos en la tele del monasterio, en especial los de la liga inglesa que son los más populares. Un nene que no pasa los diez años deja de jugar con su amigo, también empleado, y viene a atendernos. Yo me pido un jugo de caña de azúcar. Dani y Gambira uno de papaya con leche, ideal para no salir del baño. “El trabajo infantil es un problema muy triste en Myanmar…” nos dice al vernos mirando a los nenes que parecen haberse olvidado de nuestros jugos. “…lo que pasa es que la educación es muy mala, y por lo bajo que son los sueldos los profesores no quieren dar clase. Los padres, al ver que con estudiar no se logra nada en este país, y que encima es muy caro, terminan mandando a los nenes a trabajar. Nenes como estos ganan alrededor de USD 30 al mes, lo que es casi lo mismo que ganan los padres que trabajan en el campo.” Teníamos entendido que había educación pública y gratuita, pero la realidad es muy diferente. “En teoría hay educación gratuita, pero es muy mala. Los profesores no enseñan porque pasan meses sin cobrar su sueldo y lo que hacen es dar clases privadas después del horario escolar a quienes puedan pagarlas.” “Y de la educación en el monasterio ¿qué pensás?”

“Si no vas a ser monje no te sirve. Lo único que aprendés es relacionado al budismo, pero si un día querés dejar el monasterio te das cuenta que no aprendiste ni siquiera un oficio.”

Gambira dice que si se decide a cambiar de vida no tendría problemas laborales, ya que los profesores de inglés siempre están en demanda. Durante el día le enseña a los monjes de un monasterio de la zona, y a la noche tiene un alumno particular.

El nene, que por su trabajo de doce horas se lleva un dólar, le pega una patada en la cola a su amigo y se pone a hacer los jugos. No se había olvidado, sólo que estaba entretenido jugando. Pone una caña de azúcar en la prensa que tienen en la banquina de la calle, la prende y mira como se escurre entre los rodillos, largando el verde jugo que le pidió el turista.

Budismo en Myanmar: novicio en Hsipaw

“¿Y éste qué escribe?”

Budismo en Myanmar: monjes en Bago

Con los monjes en Bago

Budismo en Myanmar: monjes en mercado

Novicios en el mercado de Mandalay

Budismo en Myanmar: monje con iphone

Los monjes y la tecnología 

Monjes trabajando en Bago, Myanmar

Myanmar es uno de los países más pobres del mundo, pero igualmente la gente dona lo más que puede a los monasterios. Para muchos la cosa funciona así, cuanto más donás, más respeto merecés y más méritos estás haciendo para tu próxima vida. La ley del karma en la que creen los budistas dice que todo lo que va, vuelve, y que todo lo que hagas en tu vida presente influenciará en tu próxima vida. Si sos rico y poderoso, es porque en tu vida pasada fuiste una persona de bien, y no hay dudas de tu merecimiento. Los templos más importantes, con los maestros más venerados, recaudan cientos de miles de dólares al año en donaciones, mientras los nenes siguen trabajando doce horas por un dólar. El país está lleno de pagodas. Por más chico que sea el pueblo, necesita la protección de una. Las escuelas son muchas menos, y la plata que se invierte en educación no es ni una fracción de la que se invierte en “buenos méritos”. Lo más irónico es que políticos, ladrones de guante blanco y ricos a los que les remuerde la conciencia, creen que con construir una linda pagoda en cualquier lugar donde todavía no haya una, es suficiente para limpiar todas sus malas acciones. “Eso es pura superstición…” dice Gambira, quién justamente piensa dejar la vida de monje por todos los manejos asquerosos que vé puertas para adentro “…la palabra mérito significa hacer algo que le haga un bien a otro. Más pagodas en un país que ya tiene miles no le hace bien a nadie. Buen mérito sería ayudar a los pobres.” Entre anécdotas de su infancia nos cuenta que todos los meses vuelve a su pueblo a dar clases de inglés a los nenes y que tiene una iniciativa con un amigo para construir escuelas en zonas rurales y capacitar adultos para que puedan ser profesores. “El problema es que para eso necesito plata, y para tener la plata necesaria para hacer lo que quiero debería dejar de ser monje…”

“¿Todos los gastos que tenés ahora los pagás con la plata de las donaciones?”

“Si. La plata se divide en el monasterio entre todos. Si me quedo sin plata, le puedo pedir a otro monje. Lo mismo con la comida que nos dan como ofrendas.”

“¿Y la gente no dice nada de los monjes que gastan la plata que ellos donan en cigarrillos, apuestas, en la casa de té, en mascar betel…? La verdad es que es en el primer país que lo vemos tan abiertamente.”

“Creo que la gente ya está acostumbrada. El fumar y mascar betel está muy arraigado en las costumbres birmanas desde hace miles de años. Casi todos lo hacen, y por eso a nadie le sorprende. No es que esté bien, pero es difícil cambiarlo.”

Justo enfrente de donde estamos sentados hay un vendedor de betel. Son paquetitos adictivos hechos con las hojas de esta palmera, nuez de una planta que se llama areca y otros ingredientes mágicos que te dejan los dientes rojos en poco tiempo. Tres paquetitos cuestan USD 0,10. Como en India se puede medir el estatus social de una persona por su panza, en Myanmar el color de los dientes es una clara señal. Gambira los tiene bien blancos.

“Mucha gente piensa que todos los monjes vienen de familias pobres, que mandan a sus hijos al monasterio porque no pueden mantenerlos, pero no es tan así. Yo vengo de una familia de plata. Como a todos los nenes, me mandaron al monasterio por un tiempo. Al principio no quería, como todos, pero cuando salí me di cuenta que me había gustado, y unos año más tarde decidí volver.”

“Entonces, parece que a pesar de las restricciones la vida en el monasterio no está tan mal eh…”

Todos nos reímos y dejamos el budismo por un rato. La cantidad de preguntas que tenemos para hacerle nos hizo olvidar que él también tiene las suyas para nosotros. Nos pregunta acerca de nuestros viajes, de las diferencias entre la comida argentina y la birmana, de nuestras familias y amigos y de cómo era un día típico en nuestras vidas antes de empezar a viajar. “Seguramente más interesante que el de un monje…”, nos dice con ojos grandes.

Continuará…

¿Querés visitar una universidad budista y aprender cómo es un día típico en la vida de un monje? No te pierdas la segunda parte haciendo clíck acá.
Budismo en Myanmar: charla con monje en Mandalay

Charla entre jugos con Gambira

Budismo en Myanmar: reunidos con monje

Continuará…

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12 Respuestas a “Vida de monje: detrás de escena del budismo en Myanmar (parte 1)”

  1. Martin dice:

    este post está al nivel del que trata sobre el trabajador del volcán Kawah Ijen de Java, o sea, en el top 3 del blog.

  2. Virginia dice:

    Chicos, muuuuuy interesante el post!! Es increible como las cosas son tan diferentes a lo que uno piensa, simplemente por estar a cientos de kilometros de distancia y recibir poca o seleccionada informacion. Espero ansiosisima la segunda parte!!

  3. Agus dice:

    Hola jovenes viajeros, aqui Cosme Fulanito apareciendo una vez mas en uno de sus posts. Uds no me conocen pero yo si a uds. de tanto q me han hecho viajar a cuestas suyo. Quedé sinceramente impresionado por la calidad de esta nota del blog. No porque no me lo esperaba. Simplemente porq el tema me pareció extremadamente revelador, fresco, profesional. Todos los q hablan con los budas se qudan en su túnica naranja, su parsimonia, su pelada. Uds fueron mas alla (creo q aportó mucho haberse encontrado con el individuo indicado tb) y sacaron un reportaje (porque fue un SR. REPORTAJE) jugosisimo, digno de estar en una radio por ejemplo. Sigan creciendo, sigan rompiendola. Desde aqui hasta alli, Cosme. Abrazo enorme. Cambio y fuera.

    • Marcandoelpolo dice:

      Querido Cosme, no lo conoceremos personalmente, pero se podría decir que ya creamos una suerte de conexión virtual. Nos alegra que la nota haya sido reveladora para ud. y que le haya permitido viajar imaginariamente a estas tierras. Es verdad lo que menciona de la pelada, nosotros también nos hemos visto muchas veces obnubilados por ella, pero quedarse solamente con su exterior sería ver la punta del iceberg, sin saber qué hay debajo del agua.
      Gracias por sus estimulantes palabras Mr. Cosme.
      Un saludo afectivo.

  4. Pablo dice:

    Cuando sea grande, quiero escribir así…. maravilloso este post! ya me dieron (más!) ganas de estar allá!!!

  5. Valen dice:

    Holaaaa, muy interesante el post, lo difrute un monton! ademas de reirme mucho con las acotaciones de terminator (todavia estoy en duda), y este q escribe? y el relojeo a Dani a ver si chequeaba el hombro del monje jajajajajja. Son ocurrentes cheeeee
    Muchas gracias por compartir la experiencia!!
    Abrazo grande y como siempre lo mejor para uds!!

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  7. Marina dice:

    Wow! Super interesante, al final, las religiones y las iglesias son igual en todas partes. Mi padre tuvo que ir al convento para poder estudiar algo y no trabajar en el campo desde los 10 años, por suerte en los 60 España se estaba abriendo y pudo dejar la vida de cura 😀 Super interesante! Este verano voy a Myanmar y me está encantando leeros.
    También leí algo de Indonesia por curiosidad, estuve el año pasado, creo que tuvimos suerte con las estafas, siguen con la pasión por las fotos con extranjeros, pero al ir 3 semanas tampoco acabamos tan hartos 😉

    • Marcandoelpolo dice:

      Nada puede ser puede ser puro cuando hay poder, dinero e instituciones de por medio. La pureza queda en el corazón de cada uno.
      Seguramente te gustará Myanmar, pero te recomiendo que no te quedes solamente con los destinos más publicitados porque en los últimos años hubo un enorme boom turístico que está empezando a cambiarles la esencia.
      Con Indonesia nos pasa lo mismo que con India; nos vamos diciendo que no volveremos más, pero al tiempo ya estamos pensando en un próximo viaje. Es que hay tantas islas y cada una con una cultura tan diversa que es una tentación!

      Buen viaje!

      • Marina dice:

        ¡Gracias por responder! Tengo muchas ganas de conocer el país y a su gente, la religión como cosmovisión de un pueblo me interesa mucho, yo soy de cultura católica, aunque no creyente, pero mi forma de ver el mundo está influenciada por la filosofía católica, que como todas las religiones tiene enseñanzas muy buenas, la cúpula de poder de la institución ya es otra cosa. Y el trabajo de los curas/monjes a pie de pueblo también es otra cosa. Nunca he ido a un país marcadamente budista y por lo que comentáis muchos
        Myanmar guarda la esencia de esa amabilidad que parece que les mueve.
        Intentaremos salirnos del camino más turístico, estamos pensando “sacrificar” algo del norte para investigar por el sur que parece que ahora se puede. ¡Ya veremos qué nos encontramos!
        A mi la India me da mucho respeto, pero bueno, la curiosidad de ver el mundo e intentar quitarse prejuicios imagino que me llevará a visitarla, si puedo 😉
        También tengo ganas de volver a Indonesia, cada isla es un mundo y sólo pasé por encima. Pero hay tanto mundo…

        Gracias! Disfrutren su tiempo por la vieja Europa!

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