Gudeg, Alá y las fuerzas sobrenaturales de Solo

Por Marcandoelpolo
En Indonesia
Jun 7th, 2013
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Tomo un trago de té, miro el reloj que cuelga de la blanca pared del sector común de Cakra Homestay y veo que ya es la 1 de la mañana. Hace media hora que estoy esperando, pero no hay ninguna señal de movimiento a mi alrededor. Soy yo, el incesante sonido del pasar de los segundos y el insoportable zumbido de los mosquitos que atacan mis zonas más descubiertas. Me acabo de despertar, tengo los ojos rojos. Esta vez no es para comenzar el ascenso a un monte y poder llegar para ver el amanecer. Tampoco dormí una siesta para recuperar energías y estar listo para salir de copas por la noche de Solo. A esta hora espero a Ali, uno de los trabajadores del hotel que dijo me llevaría a comer a un lugar muy especial. La idea me entusiasma, siempre que se trate de comida típica yo doy el presente. Desde grillos en Tailandia hasta kava en Fiji o caracoles rellenos en Francia, soy un xenofóbico gastronómico, con cierto desprecio por lo que no sea autóctono. Y este lugar reunía otra característica que lo hacía más atractivo, tener que abrir mi estómago a la madrugada o perderme la oportunidad hasta la próxima vez que volviera a Solo, y quién sabe cuándo eso pasaría.

Mujeres musulmanas en Solo.

Mujeres musulmanas en Solo.

Trishaw en Solo.

Trishaw en Solo.

Ciudad Antigua de Solo, Java, Indonesia

Ya pasó una hora desde el horario acordado con Ali, pero éste no aparece. Los indonesios no son las personas más puntuales que haya conocido, pero una hora de espera cuando los ojos se te cierran es indicador de que es momento de cambiar la silla por la cama. Estoy derrotado, no solamente por no poder probar el famoso gudeg, sino además por esperar en vano por una hora y volver con las piernas y brazos llenos de ronchas.

Dani me abre la puerta de la pieza. A ella no le pareció una gran idea esa de cortar la noche por ir a comer. Tal vez debería haber hecho como ella y seguir durmiendo. Me acuesto, pensando en cuanto odio a Ali que me hizo levantar, cuanto odio a los mosquitos y cuanto odio al francés de la habitación de al lado que sus ronquidos no se amedrentan ante una simple pared divisoria.

Apoyo la cabeza en la almohada, cierro los ojos y antes de que pueda dormirme escucho que golpean la puerta muy suavemente, como con temor. Por un momento pienso que es el francés que me viene a pedir perdón por sumarle contratiempos a mi cortada noche, pero no, el jrrrrr ajjjjjj (supongamos que esta es la onomatopeya de sus ronquidos) seguía sin pudor. Abro la puerta… “You want to go?”, me dice Ali. “Sí, claro, estuve esperándote por una hora”. “Oh sorry sorry!”. Ali también está cansado y estoy seguro que cuando sonó el despertador se habrá preguntado para qué dijo de llevarme. Me cambio rápido, no sea cosa que el gudeg se esté terminando. Dani no se inmuta, le doy un beso, se da vuelta y sigue viajando en su anestesia.

Ali trabaja de lunes a lunes, sin francos. “Mi día libre son los domingos a la mañana, cuando voy a jugar al fútbol.” No tiene hijos, tampoco está casado, lo cual en Indonesia es un tema de preocupación para alguien que pasó los treinta años. Tuvo otros trabajos, pero éste en el hotel dice ser su preferido. No se lo ve muy atareado durante el día, por lo general merodea por el hotel, habla con los huéspedes, se sienta a mirar las novelas en la tele y hace algún que otro arreglo como cambiarnos la lamparita de la pieza. Pero tiene que estar, haciendo acto de presencia porque es el que mejor inglés habla de todos los empleados.

La relación con Ali empezó con el mejor rompehielos de todos: el fútbol. Estaba terminando un posteo para el blog en el espacio común del hotel cuando escucho, una vez más, la pregunta clave: “Where are you from?”. De fondo se escucha el relato de un partido de la liga local entre un equipo X y otro que me llamó la atención por su nombre: Semen Padang. Sabía que, siendo un aficionado del fútbol (¿quién más podría mirar ese partido?) mi respuesta iba a traer cola. “Argentina” le digo, pronunciando la “g” como nosotros y ellos lo hacemos, y no como la “sh” con la que en la mayoría de los países no hispanoparlantes nos conocen. Al escuchar la respuesta, Ali se me acerca. “¡¡Ohhhh, Argentinaaaaa, like Messi… and Kun Aguero… and Higuaín… Di María in Real Madrid, also very good!!”. Siempre fui un apasionado del fútbol, y conocer los jugadores más famosos de los países a donde viajo forma parte de mis conocimientos indispensables como saber quién es el Presidente o Primer Ministro o quién es el artista más reconocido. “Si, pero ustedes tienen a Cristian Gonzáles, y a Sergio Van Dijk… encima el argentino Gastón Castaño juega en la liga de acá”. Todos jugadores mediocres, conocidos en Indonesia pero de nula repercusión internacional. “Gastón Castaño is very baaaad hahaha. He dates Julia Pérez, she is not good for Indonesian culture, she very baaaad!!”, me dice Ali haciendo referencia a la vedette local que avergüenza a gran parte de los indonesios con sus apariciones provocativas en un país de gran mayoría musulmana.

You have to come with me on Sunday to play football. Sunday morrrrning I play futsal, I invite you!”. Poco me costó aceptar la invitación. Los viajes me alejaron mucho de mi deporte preferido y qué mejor plan para un Domingo que reencontrarme con la pelota en un país lejano, lo que además sería una interesante oportunidad cultural.

Con tres equipos jugando, el tiempo se dividió en partidos de 15 minutos. Ali estaba enojado, decía que nuestros compañeros eran muy individualistas. “Hay que jugar como el Barcelona, pase, pase, pase… como un equipo”. Bueno si, no estaría mal jugar como el Barcelona, pero porqué mejor no nos sacamos un poco de presión. Mejoramos un poco, si, pero mi pasaporte no me hace Messi (ni Gastón Castaño tampoco), como tampoco me hace un campeón mundial de tango como muchos esperan.

Después de intentar imitar al Barcelona por 30 minutos sin mucho éxito, Ali tenía planes para seguir aprovechando su medio día libre. “Te voy a llevar al puesto donde hacen los mejores jugos de Solo, y vamos a comprar uno para que le lleves a…” “Daniela” “Sí, Aiela”. Pero los planes no terminaban ahí, además me llevaría esa misma madrugada a comer el mejor nasi gudeg de la ciudad. Eso sí, iba a tener que madrugar, porque el puesto sólo abre a la 1 am, y cierra con los primeros rayos de sol.

Hora a la que llegamos a comer el mejor gudeg de Solo.

Hora a la que llegamos a comer el mejor gudeg de Solo.

Primero pensé que no le había entendido bien, o Ali se había confundido con el horario, pero después me explicó que este horario alocado no lo eligen los dueños del puesto, sino que es dictado por “Supernatural”. “¿Cómo? ¿Ellos no pueden elegir el horario?”, a lo que Ali responde… “Nooo, Supernatural les dice cuando les conviene abrir dependiendo del día de la semana. También les dice cuándo cerrar, sino es mala suerte y es muy malo para el negocio. A algunos negocios Supernatural les dice que tienen que cerrar los jueves, por ejemplo. A otros les dice cuando se tienen que tomar vacaciones, y así…”. “Entonces le podés decir a tus jefes que Supernatural dice que necesitás más días libres” “Noooo jajaja, ¡¡ellos no creen en Supernatural!!”.

En busca del Gudeg Supernatural

Me pongo el casco y me subo a la moto. Ali parece manejar esquivando balas por los angostos callejones de la ciudad antigua. Desde el brillo del amanecer al dorado de los rayos del sol pintando sus paredones cuando el sol se despide, hasta la oscuridad de la silenciosa noche, esta parte de la ciudad tiene una belleza incomparable en Indonesia. Pasando bajo la tenue luz de los tradicionales faroles y zigzagueando pozos, me siento un nene lleno de felicidad. La misma sensación que me daba cuando mi papá me llevaba en la reluciente Vespa roja a comprar a la panadería “La Nueva Pompeya”, porque según él es la única “vera pasticceria italiana di Buenos Aires”. Ahí podíamos saborear los recuerdos de una Italia dejada hacía años e incluso pedir los inigualables babá y sfogliatelle en italiano.

Las callecitas de Solo tienen ese "qué se yo"...

Las callecitas de Solo tienen ese “qué se yo”…

Ésta era una historia distinta, pero similar. En otro contexto, muy lejos del casco de mi papá y en un horario muy distinto, aunque no dudo que Rubén se hubiese despertado a la hora que fuese necesaria en busca del producto exclusivo. Pero tanto en Buenos Aires como en Solo, la sensación que me llenaba de felicidad era la de tener la oportunidad de ser llevado por el conocedor en busca de lo único, lo inigualable y haber sido elegido para compartir esa enseñanza.

Estacionamos la moto frente a un toldo que dice “Gudeg Cakar Bu Kasno”. Ali no me mintió, ni tampoco se levantó a las 2.30 am para hacerme una emboscada. El puesto está abierto y lleno de amantes de los placeres de la vida. Por fuera Bu Kasno pasa desapercibido, nada que llame la atención si no conocés los secretos de la ciudad. Pero la magia está en la receta secreta que lleva más de treinta años sin competencia. La misma señora que se sienta tras el mostrador desde el primer día, la misma familia a la que se le sumaron los hijos quienes abrieron un puesto de bebidas al lado para monopolizar los ingresos y la misma clave para el éxito de siempre: amor, dedicación y una ayuda supernatural.

Esperando nasi gudeg en Solo, Java, Indonesia

Nasi gudeg shop, Solo, Indonesia

Nasi gudeg Solo, Indonesia

Me siento, yo no tengo nada que hacer en el mostrador, es Ali quien pide los platos. “Bueno, éste es el famoso nasi gudeg de Solo, que es distinto al de Yogyakarta”. Lo que veo a simple vista es una suma de distintos elementos que forman un todo amarronado. Garras de pollo en salsa, huevos duros cocidos en caldo, tofu y jackfruit cocido en azúcar de palma. Para hacer base hay arroz, como siempre, pero una variación de éste que Ali llama “arroz líquido”. “Acá vinen famosos, gente rica, deportistas… ¡hasta el presidente viene a comer gudeg!”. Desde ya que lo primero que pruebo es lo que a todos les causa mayor intriga: las garras de pollo. Esta parte del plato que muchos descartarían es la que marca la diferencia y hace que la receta de este lugar sea tan especial. “¡Las garras son lo mejor! Probalas”, me dice Ali entusiasmadísimo. “Mmmmm, enak”, le dije que estaban deliciosas para no herir sus sentimientos, pero le mentí. En realidad estaban mejor de lo que esperaba, pero no como para volver a despertarme a la madrugada. De carne muy poco, de piel y cartílagos, mucho.

El tan esperado Gudeg.

El tan esperado Gudeg.

Antes de volver pasamos por un mercado que también parece estar rejido por las fuerzas del más allá. Frutas y verduras se venden en un gran terreno durante toda la madrugada, y aunque no quiero comprar nada es otro espectáculo digno de ver. Pero no me demoro, Ali parece cansado y sé que en pocas horas se tiene que despertar para otro día de trabajo.

Me acuesto en la cama, apoyo la cabeza en la almohada y antes de que pueda dormirme otro sonido me despierta. No es Ali golpeando con temor la puerta, es uno mucho más intenso que se hace eco por toda la ciudad. “Aláaaaaaaaa” se escucha desde uno de los altoparlantes de los minaretes. A pocos metros de distancia le sigue otra mezquita:

Alahu Akbar… Alaaaaaaahu Akbar (Dios es más grande)

Alahu Akbar… Alaaaaaaahu Akbar

Ash hadu an la ilaha il Alaaaaaa (Doy fé de que no hay otro dios más que Alá)

Ash hadu an la ilaha il Alaaaaaa

Ash hadu ana Muhammadan Rasoolallaaaaah (Doy fé de que Mohammad es el mensajero de Alá)

Ash hadu ana Muhammadan Rasoolallaaaaah

Ya son tres, y después cuatro voces retumbantes que se mezclan y esparcen sus vibraciones…

Haya alas Salaaah (Presentarse a la oración)

Haya alas Salaaaaaaaah

Haya alal Falaaah (Presentarse a la salvación)

Haya alal Falaaaaaaaaah…

Es el Adhan de las cinco de la mañana, Ali se tiene que levantar, el otro Supernatural lo está llamando.

Nasi Gudeg, Solo, Indonesia

No te pierdas el video de la búsqueda del mejor gudeg de Indonesia:

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11 Respuestas a “Gudeg, Alá y las fuerzas sobrenaturales de Solo”

  1. ¡¡¡Muy buena experiencia!!! El fútbol es, sin duda, un lenguaje universal que abre muchísimas puertas y acerca culturas aparentemente sin nada en común :) Más fácil no podemos tenerlo argentinos, italianos y españoles… Aunque lo cierto es que preferimos charlar sobre él delante de un buen babá con expresso napolitano que con unas sabrosas garras de pollo malayo :)

  2. Y al final como salió el fútbol?? Jjajjaa
    Excelente relato!

    Saludos

  3. brenda costa dice:

    Buenisimo primoO!!!! muy interesante!! me gustaria mucho estar probando todas esas comidas!!

  4. esvian dice:

    Que lindo escuchar los llamados a oracion de nuevo, despues de un tiempo te acostumbras y no te parece tan pesado. Nosotros lo aprendimos a apreciar. Queda muy bien al atardecer en labuan bajo, mirando komodo. Que buenos recuerdos!!!
    Te hago una pregunta, vos te acordas el nombre de esa pasta de color oscuro que usan para comer con arroz? es algo muy famoso y tiene un sabor indescriptible (de los buenos) se que tiene coco pero no me acuerdo el resto de los ingredientes.

  5. Laura dice:

    Sos todo un Andrew Zimmern!!. Alvaro es muy parecido, no deja nada sin probar.
    Yo una de las cosas que mas disfruto en los viajes es comer, pero a veces cuando se trata de carnes me freno un poco por mis reiterados intentos de vegetarianismo… pero Alvaro no deja animal con cabeza.
    sigan compartiendo esos sabores del mundo!
    Les mandamos un abrazo grande!
    Lau

    • Dani también se frena con la carne, pero creo que en este caso la frenó el sueño… ni con un festín vegetariano gratis se levantaba! Yo tampoco soy gran fanático de comer animales, pero cuando es algo tradicional me pongo en el papel de Andrew sin dudarlo.

      Abrazo!!

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