Los tailandeses, los fantasmas y nosotros…

Por Marcandoelpolo
En Tailandia
Feb 3rd, 2014
15 Comentarios
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“Yo no creo en las brujas, pero que las hay, las hay”. Desde chica que esa frase da vueltas por mi cabeza. Me acuerdo que cuando tenía siete años y jugábamos con mis vecinas en la calle, nuestra mayor diversión era ir a hacer ring raje en la casa de la esquina que, según todos los vecinos de la cuadra, estaba embrujada. A lo largo del viaje, los espíritus nos siguieron acompañando. Una de las casas en las que vivíamos en Australia alojaba a más de uno, y se divertían haciendo caer el detergente mientras comíamos. Le tuvimos miedo, hasta que aprendimos a aceptarlo como flatmate, y hasta a quererlo. 

A Ian lo conocimos por medio de Couchsurfing. Una de las primeras cosas que le preguntamos cuando llegamos a su casa en las afueras de Chiang Mai -Tailandia- fue “¿No sentís que la casa es muy grande para vos solo?” La expresión de su cara valió más que mil palabras. Después de un rato agregó “Sí, a veces, por eso tengo a Mr Miau, conejos y gallinas. Ese que está allá se llama Big Balls, no hace falta aclarar por qué, y la gallina siempre se sube a ese árbol cuando no quiere que el gallo la persiga. Nos hacemos compañía”.

Claramente, Ian se sentía muy solo. Estaba tremendamente feliz porque había gente en su casa que podía comprender su idioma, y compartir la misma comida. Aliviado de poder descargarse y decir todo lo que pensaba de los tailandeses, sin restricciones, agarra de la heladera otra botella de Chang Beer y nos dice: “You see, they are fucking idiots, dejan todas las luces prendidas, toda la noche”, señalando a los vecinos. “Miren, yo pago sólo USD 30 por bimestre, ellos pagan cinco veces más que yo. No apagan las luces porque le tienen miedo a los pii, a los fantasmas. Tienen casas enormes pero duermen todos apretados en una sola habitación, tienen miedo, incluso los adultos”…

Nunca nos habían hablado de este tema, y una catarata de preguntas comenzó a surgir en nosotros. Sin siquiera tener tiempo a preguntarle más, nos dice “El aula donde doy clases está en un tercer piso. La escalera está un poco oscura, pero se pueden ver los escalones tranquilamente. ¿Saben qué hacen los alumnos? Prenden la luz, porque tienen miedo que haya un fantasma esperándolos en el descanso. Cuando quieren construir una casa, primero tienen que hacer la casita para los pii, así los espíritus que habitan ese terreno tienen un lugar donde ir a vivir y no se enojan. Esta casita debe ser acorde a lo que van a construir, no pueden hacer una mansión y dejar a los espíritus durmiendo bajo una chapa. Lo mismo pasa con la comida, por eso van a notar que todos los días les ponen arroz, frutas y hasta gaseosa. Cuando con mi esposa (tailandesa) nos mudamos a esta casa, yo no tenía trabajo, y le dije que no ibamos a estar gastando la poca plata que teníamos en darle de comer a los espíritus. La quería hacer entrar en razón, pero después de unos meses lo nuestro no funcionó y nos separamos”.

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Las casitas de los espíritus no pueden romperse ni tirarse, ni siquiera si se demuele la casa principal. El único lugar donde se las puede dejar es junto a un árbol Bodi, que son sagrados. Haciendo esto, estaríamos “mudando” a los pii, no desalojándolos. Si encuentran que su casa está destruida y no tienen donde ir, quedan deambulando por todo el barrio en busca de algún lugar al que llamar hogar.

Como todos los días, Ian se fue a dormir a las 21.30. Desde nuestra pieza con la puerta cerrada podíamos escuchar sus ronquidos, y desde la cama podíamos ver la luna llena brillando en el cielo a través de la ventana, sin rejas  ni vidrios. Nos recostamos a apreciar las pequeñas grandes cosas que nos da la vida diariamente. Todo parecía perfecto, hasta que de repente los dos nos miramos con caras de desconcierto.

– ¿Escuchaste lo mismo que yo?

– Sí, debe ser Ian que se levantó para ir al baño.

-No, el ruido viene del otro lado, de la escalera, y además Ian está roncando, escúchalo.

-Recién se escucharon dos pasos más. ¿Qué hacemos? …………….No, no abras la puerta.

Acto seguido Jota se levanta y prende la luz de nuestra pieza, que a su vez prende la del pasillo. Como quien apaga el televisor para sumergirse en el silencio de la noche, los ruidos desaparecieron al  mismo tiempo que la lamparita iluminó el tétrico pasillo, donde las telarañas que decoraban sus rincones se habían convertido en el escenario perfecto para una película de terror (y de las buenas, esas que te dejan sin dormir por varios días). Parecía que venían de la escalera, acercándose en dirección a nuestra pieza –y a la de Ian-. La casa es muy vieja y el piso de madera, así que cualquier movimiento se escucha. Lo primero que pensamos fue en el gato, pero el ruido era muy humano, primero todo el peso sobre uno de los tablones de madera, después sobre otro, y así por unos segundos. No había nadie en el pasillo, nada por aquí, nada por allá. Ian seguía roncando.

Volvimos a nuestra pieza (bueno, yo nunca había salido) y tratamos de no hablar del tema. Por las dudas cerramos la ventana, no sabemos para qué, pero nos daba una falsa sensación de seguridad y al menos para no ver las casas de los vecinos con las luces encendidas y plantearnos si deberíamos hacer lo mismo. Mañana sería otro día, y se le comentaríamos a Ian.

En la planta baja de la casa no hay paredes, cuesta creerlo, pero ahí queda la computadora, la tele, toda la comida, la cocina, etcétera. Nunca se cierra y nunca le faltó nada. Creíamos que hoy había llegado el día, pero hasta que el sol no se hiciera presente no nos íbamos a ir a fijar. Después de todo Ian se levantaría primero para ir a trabajar, y si le falta algo, nos vamos a enterar por los gritos que va a dar. “Fucking thais, fucking useless people, fucking country”. No está muy contento con el país en el que vive, pero tampoco quiere irse. La calidad de vida que logra tener acá cobrando USD 800 al mes, no la puede tener en otro lado.

Lo escuchamos poner en marcha la moto, y desde la ventana (que como era de día ya la habíamos abierto) lo vemos pasar la puerta de entrada. Se fue y no nos dijo nada, así que debe estar todo bien. Como cualquier otro día, todo estaba en orden. Un escalofrío corría por nuestro cuerpo, no porque tuviésemos miedo, sino por el hecho de estar rodeado de alguien que no podemos ver. Era esa extraña sensación de saber que alguien había estado ahí, tocando la taza que teníamos en la mano, y quizás hasta sentado en la misma silla. El desayuno tuvo un sabor extraño ese día.

La parte de abajo de la casa de Ian, donde estábamos desayunando.

La parte de abajo de la casa de Ian, donde estábamos desayunando.

Su baño al aire libre, para lograr una óptima inspiración. ¿Lo habrán usado los espíritus?

Su baño al aire libre, para lograr una óptima inspiración. ¿Lo habrán usado los espíritus?

Tratamos de olvidarnos del tema y fuimos a arreglar un poco el jardín. Trasplantamos dos limoneros, y exploramos a ver qué frutas había por ahí. Ian nos había dicho que tenía varias, y que si veíamos alguna que estaba madura, la sacáramos. Es tan vago que ni siquiera recoge lo que la naturaleza le ofrece. No podemos creer cuando vemos que tiene bananas por doquier, y él ayer las compró en el supermercado. Agarramos una escalera y nos vamos a bajar un par de papayas. Fue en ese momento donde volvimos a comprobar que todo está conectado, que todo pasa por algo y que una cosa lleva a la otra. Camino al árbol de papaya pasamos por una parte del terreno donde había muchas ramas apiladas desordenadamente, esperando a que la naturaleza se encargue de llevárselas de vuelta. Arriba de toda esa pila, y descuidada de la misma manera, estaba la casita de espíritus que supo ocupar un lugar junto a la puerta de la casa hasta que llegó Ian y decidió sacar todo lo que lo hacía parecer un tailandés. Las piezas del rompecabezas encontraron su lugar en tan sólo un instante. Toda la población de un país no podía estar equivocada…

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15 Respuestas a “Los tailandeses, los fantasmas y nosotros…”

  1. Marcos dice:

    Felicitaciones por el proyecto, felicitaciones por el blog, sigo su recorrido desde hace ya un tiempo.
    Espero ansioso la continuacion de esta historia de fantasmas ! …. bueno…. si es que no les pasa nada esta noche …
    😉
    Exitos !
    Marcos.

  2. Luciana dice:

    Que miedooooo!!! justo ahora que estoy en Tailandia vengo a leer esto. Yo veía esas casitas en todas las casas pero no sabia bien para que eran, ahora les voy a tener más respeto, a ver si se les ocurre visitarme.
    En Camboya también los persiguen los pii? jaja.

    • Marcandoelpolo dice:

      Si, cuidado con lo que hacés con las casitas. No las toques porque aparentemente eso los ofende, son bastante temperamentales parece, todo lo contrario a los thai en vida jaja. En Camboya no los notamos cerca nuestro, debe ser porque saben que los escuchamos y ahora andan con más cuidado jaja.
      Abrazo!

  3. Ariel dice:

    yo ni mamado salgo a ver que son los pasos esos, me meto en la cama todo tapado y no salgo más. Pero en la casa esta entonces no había nada para espantar a los fantasmas como en la de los vecinos? Hubiesen hecho un espantapajaros a ver si funcionaba!
    Cuando vaya para allá me llevo una casita de fantasmas de llavero, o colgando de la mochila jeje.
    Muy buenas sus experiencias. Abrazo

    • Marcandoelpolo dice:

      Es buena la idea del llavero casita de fantasmas jajaja, la verdad que no vimos ninguno, pero podés llevar la idea, nosotros nos compraríamos uno seguro!
      En la casa de Ian estaba la casita que había quedado de los dueños anteriores, pero abandonada entre el pasto crecido y sin las ofrendas diarias, por eso se ofendieron! El espantapájaros creo que los hubiese puesto como locos, si encima de no darles de comer los espantamos nos daban vuelta la casa jajaja!
      Abrazo

  4. vero dice:

    Me paso algo muuy parecido en nueva Zelanda,viviendo en la casa de una ecuatoriana…yo no creo en fantasma ni espíritus, pero Pasamos,unas tres semanas conviviendo con ese tipo de ruidos de pasos, de interruptores, de golpes.. Hubieron noches en las que no pegue un ojo… Como dijo Dani,,yo no creo en brujas, pero que las hay,las hay.
    un beos grande!

    • Marcandoelpolo dice:

      Eso por no tener una casita para los fantasmas, no los tenían bien atendidos! Arroz, un poco de la comida que prepares ese día y, preferentemente, Fanta o Mirinda roja, aunque puede ser otra si no consegís. Esa parece ser la clave para hacer las pases jaja.
      Beso!

  5. toba2 dice:

    Uyyyyyy cuando continua esta historiaaa? a jota no le debe sorprender porque cuando estuvo de pasada por Buenos Aires convivio con dos fantasmitas que estaban desde hacia un tiempo ocupando su habitacion vacia y aunque cueste creerlo parece que les molesto su llegada porque ya no tenian su casita, hoy ya no estan,volveran cuando jota venga?, yo creo que hay otros seres que viven pululando,asique no dejen de contarnos como sigue.

    • Marcandoelpolo dice:

      Ni me hables de esos dos chiflados que una noche no pude dormir! Menos mal que ya no están porque buenos sustos les hicieron pegar jajaja.

  6. joo, que pena vuestra experiencia. La verdad es que el tema de espíritus puede ser mucho mas bonito que de la forma que os lo contó este chico… Es mas, las casas de espíritus son para hospedar a sus familiares muertos y le ofrecen comida a diario, bonito bonito!

    Ahhhh y en mi casa a diario se escuchan “fantasmas” es simplemente la contracción y descontraccion de la madera de la casa, las casas tailandesas están la mayoría hechas asi.

    Un saludo
    Pau

  7. […] Los tailandeses, los fantasmas y nosotros: “Yo no creo en las brujas, pero que las hay, las hay”. En Tailandia hay fantasmas, y no lo creíamos hasta que nos visitaron. No tengas miedo, son buenos (o al menos no nos hicieron nada)… […]

  8. Matias dice:

    Estoy a 2 meses de viajar, y me voy a llevar una petaquita de whisky o fernet. En cuanto aparezca uno, me clavo un buen trago de coraje y hasta lo peleo mano a mano!!!

  9. Cisley dice:

    Qué chulada eso de las casitas, están lindísimas las fotos. Me gustó mucho la casa de Ian, yo también quiero un piso sin paredes y que mis vecinos no se lleven nada! Está increíble! El otro día salí con unas chicas de ascendencia asiática y me comentaban que ahí era muy difícil que te robaran aún de la pobreza simplemente por la mentalidad que tiene la gente.

    Por cierto, esto de los piis me recuerda un poco a los aluxes. Los aluxes son una especie de duendes en los que la población maya de Yucatán (en México) cree. Ellos son muy traviesos y suelen vivir en los campos y cuevas, pero si uno tiene su campo tiene que darles ofrendas diarias (si los piis comen arroz, los aluxes comen tortillas!) para que los aluxes cuiden del campo y no te hagan travesuras. Por otro lado, si alguien intenta robarte o entrar, ellos protegen tu propiedad. Es un poquito parecido, ¿no?

    • Marcandoelpolo dice:

      Hermoso lo que nos contás de lo aluxes, que se asemeja a los piis de Tailandia y muchas otras culturas que creen en las fuerzas sobrenaturales.
      Es verdad que en Asia es muy raro que te roben. Nosotros viajamos durante muchos años y nunca tuvimos problemas. Por más de estar en lugares muy pobres, la gente tiene otra mentalidad.

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